¡Quién pudiera vivir un minuto libre de historia, hacer algo sin motivo y sin consecuencias, tener un capricho!
Haikus- César Aira
Abrime la puerta.
Dale, abrime la puerta. Es mi casa también.
No te pido que te acuestes conmigo, aunque mal no estaría, solo te pido que me dejes entrar.
No es que no pueda dormir una noche a la intemperie. Justo yo, vamos. Por si no te acordás, yo fui caminando desde el Cabo Polonio hasta Punta del Este por la playa, durmiendo entre los médanos; hasta que me agarró la policía. Sé que ya no soy un hippie, pero saberse libre y natural es como andar en bicicleta, no se te olvida más; así que puedo dormir perfectamente en el umbral, ni frío hace, aunque hay mosquitos; en la arena no había mosquitos.
Pero igual me tenés que abrir la puerta porque es mi casa también. Mis cosas están adentro. No te lo digo para que me las tires por la ventana como la otra vez. Yo pagué muchas veces el alquiler, y te hago Patys, y limpio el inodoro una vez por semana. Y el contrato está a nombre de los dos, además. Oficialmente soy tu room-mate: Pero sabés que antes que nada soy tu hombre, tu confidente. Confesame qué es lo que te perturba, lo que te tiene tan enojada. ¿Tenés otro? Puedo entenderlo. Yo pude tener otras también, pero te elegí a vos.
Dale, abrime la puerta, no me hagas rogarte. Si no me abrís te vas a arrepentir porque yo no soy de bajonearme y quedarme llorando; agarro las monedas que tengo, me tomo un colectivo y me voy a buscar turistas a San Telmo, o a Palermo, que deben estar desesperadas buscando latinos como yo, vagabundos y fogosos, ávidas de alimentarnos y apretujarnos entre sus pechugas alemanas, entre sus peludas axilas francesas.
Te voy a dar dos minutos, es tu última oportunidad, después ni rogando. Pensá en el triste espectáculo que darás mañana cuando no me tengas y salgas a buscarme, y termines en los bares, jugando al billar entre tangueros, con las medias corridas, pasando de brazo en brazo; o en un pool, con jóvenes rockeros fumando marihuana y llorando por mí.
No me conmoverás, tu momento de arrepentirte es ahora, no tendrás segunda oportunidad.
Abrime la puerta. O hago un escándalo. Los vecinos se van a enterar de quién sos en realidad.
Con tu cara de mosquita muerta los tenés a todos engañados. ¡Si supieran! Abrime o les digo, empiezo a gritar ahora mismo, y no me importa que llames a la policía. Yo ya dormí en un calabozo. Y en Uruguay, y hace años, que es mucho peor. Porque ahora meten en cana a los mariquitas y te organizan una fiesta en el patio del penal, pero cuando yo estuve era heavy de verdad.
No te conmueve nada, tenés piedras en el corazón, estás oxidada, como un robot despechado olvidado en una estación espacial. Eso debes creer, que tu casa es el Sputnik y que vas navegando la galaxia. ¿Quién te crees que sos, el capitán Beto?
¡Abrime la puerta!
Dale, por favor. O al menos dame algo de lo que te haya sobrado de la cena, pasamela entre la reja de la ventana como a un preso, porque eso soy, me encarcelaste fuera de tu vida, en la intemperie del rechazo. No tenés sentimientos. ¿Cómo me pude enamorar de vos?
Tal vez no fue amor. Sí, no fue amor, solo fue sexo. Eso. Me equivoqué. Ya no te quiero. Nunca te quise. Y ya no te deseo. Fuiste. Di vuelta la página. Perdiste tu oportunidad. Chau. Me voy.
Pero mañana vengo. Y más te vale que me abrás la puerta. Pero no me quieras seducir. Solo quiero darme un baño, y agarrar mis cosas, y comer algo, y tal vez, dormir un ratito.
Bueno, me voy. Y no esperes que te llame porque no tengo crédito en el celular.
Dormí sola en la inmensidad de mi cama, porque no te olvides que fue mi vieja la que me regaló el colchón. No me importa. Hasta podés dormir de mi lado.
Bueno, chau. Me quedo un rato acá y me voy. Voy a acurrucarme en el umbral a fumarme mi último pucho. En una de esas hasta me duermo unos minutos. Acá estoy por ahora, pero ahora no es eterno, es solo ahora, y la vida es una sucesión de ahoras pero este es único, y ahora es mío, y te lo perdiste por no abrirme la puerta.
Dale, abrime la puerta.....